Recuerdo cuando vi por primera vez en mi vida a Ajaib, era un hombre alto y fuerte, que parecía un viejito y nos contaba algo en un lugar atestado de niños y niñas, recuerdo la luz y la sensación de acogida que sentía acurrucada delante de mi madre.
Hoy, las cosas son muy distintas a entonces, pero sigue siendo, un día feliz.
Yo soy el día feliz nació como la puerta de salida al mundo exterior, no se quien lee (a veces si). En todo caso, es mejor morir en el pecado que nunca haber probado, de eso se trata todo, hacerlo honestamente y con identidad.
8 de febrero de 2009
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