Debo decir, sin pena, que llevo meses si echarme un buen polvo, en esto influye enormemente que la dama se encuentre lejos y que yo, pasajera del tiempo, sea una mezcla de malos pensamientos y acción retardada.
La verdad es que vengo pensando en polvos desde que no me los echo y se me arreció el tema en éstos días, tal vez porque conversando con mi prima y su marido en la finca paradisíaca donde vimos amanecer el nuevo año me hablaron de los muchos polvos que se han echado juntos y separados.
Tal vez porque viendo a mi hermana y su marido, a los amigos otros que están de paseo por éstas tierras y en general pensando en las parejas de todo tipo que he conocido y que he conformado a lo largo de la vida, llego a la conclusión de que en eso consiste el meollo del asunto: en echárselos y en que se los echen a uno.
Empiezan los polvos con un pequeño gustillo, casi imperceptible tal vez, que se va desarrollando de acuerdo a la intensidad del fuego interior de ambos sujetos o sujetas y que culmina en los mejores casos, en reverendos orgasmos.
La seducción tiene siempre sus escaramuzas, se desarrolla con disimuladas palabras y gestos o con todo descaro que de serlo tanto, se vuelve imperceptible para otros.
Cada cual va encontrando su ritmo y finalmente los ritmos de ambos o ambas se encuentran en el lugar y el momento precisos y se produce la explosión.
Benditos los polvos, que nos trajeron a todos al mundo, los que me he echado y me han echado, los que extraño, los que anhelo, los que recuerdo con cariño y los que recuerdo con lujuria, por que claro, si hablamos de polvos la lujuria es reina.
Ese exquisito sabor de piel, ese gusto de hallar por ahí en el mundo a alguien que lo hace rico y más que hacerlo rico per se, lo hace rico con uno, que es la combinación maravillosa que hace de la tirada el fin último de conocer a alguien.
Muy en ésta mañana de sábado, en que el Internet no funciona y el post que escribo se queda en el limbo del portátil extraño como un putas los buenos polvos de mi dama y quiero que ya esté aquí y me lo haga.
Yo soy el día feliz nació como la puerta de salida al mundo exterior, no se quien lee (a veces si). En todo caso, es mejor morir en el pecado que nunca haber probado, de eso se trata todo, hacerlo honestamente y con identidad.
8 de enero de 2007
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