Recuerdo la primera pasada de The L Word en casa de la innombrable… cuando tapábamos las ventanas con bolsas negras, ahora el bar queda en la 116 y el ambiente es más relajado, hay niñas de varias generaciones y se nota que la vida pasa y una a veces se queda en el limbo.
Fue el sábado un día diferente de todos los demás, las responsabilidades propias del vehículo nuevo, me llevaron al concesionario y luego al trabajo trans (para pagar la mega cuenta del concesionario), luego algo de garantía en los forros de la 30 y regreso a casa para ducha y paseo de perra.
La llegada al karaoke… con aplauso, y la mirada atónita de dos que nada que ver, por cierto comento que ese encuentro y esa conversada estuvieron de antología, tic, tac, ti, tac, hace el reloj por estos días, pero de repente se detiene y nos lleva a recuerdos de por lo menos 10 años.
Las niñas adentro como siempre… pululando y Harry cerca a la barra, con bufanda y gafas… mi Harry, la saludo y saludo a las otras como es costumbre, al final, encuentro con alguien a quien a veces se extraña, pero es de esos pasados que no vuelven.
El que si, siempre vuelve es DeG, que pasa por buenos tiempos y me da gusto saberlo, como dijera alguien, un hijito que se ve crecer.
Yo soy el día feliz nació como la puerta de salida al mundo exterior, no se quien lee (a veces si). En todo caso, es mejor morir en el pecado que nunca haber probado, de eso se trata todo, hacerlo honestamente y con identidad.
23 de abril de 2009
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