el día que la conocí me la eché entre la mochila y la puse sobre las canastas de la cerveza cuando entramos al café espirituoso, era amarilla y me cabía en una mano, desde siempre fue temerosa del movimiento, se mareaba con facilidad, me cuidó y me amó mucho, cuando dormíamos juntas y luego cuando iba a visitarla dormía al pie de mi cuarto, nunca le gustó la melosería, así que poco me dejeba apachucarla, siempre fue ella una piernipeluda hermosa e independiente y llena de vida, vivió sus propias aventuras y fue libre y feliz hasta el último momento, cuando al fin le pudieron los años y los achaques y se fue de este plano, llamé de primero al mono, pa contarle que nuestra hija se fue y porque se que ella la amo tanto como yo. ahora me queda su amor y su recuerdo en el corazón, mi monstruo amarillo nos dejó después de 16 años de bella vida perruna.
Yo soy el día feliz nació como la puerta de salida al mundo exterior, no se quien lee (a veces si). En todo caso, es mejor morir en el pecado que nunca haber probado, de eso se trata todo, hacerlo honestamente y con identidad.
1 de mayo de 2016
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1 comentario:
ay no puede ser!!! Abrazos y que esté muuy feliz en el ciello perruno.
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