30 de noviembre de 2006

La Australiana

Sigue siendo una mujer hermosa, con sus gafas y su sonrisa, me deleita verla, tenerla al lado; sigue pidiendo chismes, como los pregunta desde su muñequito verde cuando esta lejos…

Nos sentamos ayer a comer papitas y a adelantar cuaderno, con ella y con la chica del pelo parado en el café de los juegos.

Como es la vida, en el juego de la fila yo siempre voy al último, de primera la del pelo que a su vez gustaba de otra, en segundo ella, porque le hacía tucu tucu la del pelo parado y yo, detrás de ella, amante furibunda que aún guarda su calor en el pedazo de corazón asignado para ella.

La quiero mucho, aunque a la rubia le provoque los celos que suele provocarle, mona, si lees, no te estreses, que la quiero como amiga; porque es mujer comprometida y sin intenciones de romper el voto con otras y eso me encanta de ella.

Cuando se fue una lágrima mía se fue con ella, hace años cuando koalas y canguros la llamaban; ayer, al verla, al olerla, al tenerla al lado tanto rato, me recordó las razones por las que me gusta y me quedo contenta, porque siguen siendo fuertes y firmes para amamantar una amistad robusta.

Les dije ayer que éste es un camino largo y bueno, sabes que amiga, tu tienes puesto fijo en el busecito… se le dice, se le repite y se le repite de nuevo, por si no lo tiene claro: SE LA QUIERE, OYÓ.

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Papi, papi, ¿cómo me llamo yo, cómo me llamo yo?

Eso decía mi papá que le decía yo de niña cuando no sabía pronunciar mi nombre; mi primer recuerdo de el en cambio, fue verlo gigante, bajan...